<%@LANGUAGE="VBSCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Autoridad Marítima de Panamá - Notas de Prensa - Octubre 2009

Día Marítimo Mundial 2009
EL CAMBIO CLIMÁTICO: ¡un desafío también para la OMI !
Mensaje del Secretario General de la Organización Marítima Internacional,
Sr. Efthimios E. Mitropoulos

El Lic. Jorge Barakat, Sub-Administrador de la Autoridad Marítima de Panamá y
Efthimios E. Mitropoulos, Secretario General de la OMI.

 

PANAMÁ, 20 de octubre 2009.

A pesar de la inercia que caracterizó las reacciones iniciales a las primeras advertencias sobre el calentamiento mundial y la acidificación de los océanos, es alentador el hecho de que, aunque con retraso, por fin hayamos reconocido que el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero y la consiguiente subida de las temperaturas en todo el mundo están alterando y afectando en diversos grados a la compleja red de sistemas que permiten que prospere la vida en el planeta: la nubosidad, las precipitaciones, los vientos dominantes, el nivel del mar y las corrientes oceánicas, y la distribución de las especies vegetales y animales.

La humanidad se enfrenta a un dilema porque, nos guste o no, nuestra forma de vida colectiva ha dejado de ser sostenible y tenemos que hacer algo al respecto, y pronto. Las opciones que hemos tomado sobre nuestros estilos de vida han ido degradando lentamente el propio sistema de apoyo que nos permite vivir y respirar. Esto no puede, y no debe, continuar. Tenemos que tomar algunas decisiones difíciles, tenemos que tomarlas ahora y tenemos que actuar al unísono, con un compromiso íntegro y total, ahora y en el futuro. Ante hechos indiscutibles, tenemos que examinar nuestras prioridades y aceptar que debemos hacer algunos sacrificios; es decir, tenemos que empezar a poner la "vida" por delante del "estilo de vida".

Como resultado de las emisiones, pasadas y presentes, de lo que ahora se sabe que son "gases de efecto invernadero", el cambio climático parece haberse convertido en algo inevitable. El clima no responde inmediatamente a influencias externas sino que, tras 150 años de industrialización, el calentamiento mundial ha cobrado fuerza y seguirá afectando a los sistemas naturales del planeta durante cientos de años, incluso si se reducen inmediatamente las emisiones de gases de efecto invernadero y dejan de aumentar los niveles de concentración de dichos gases en la atmósfera.

A modo de analogía con el mundo marítimo, el cambio climático sería un petrolero gigante y, para pararlo, o incluso alterar su rumbo, se requeriría no sólo una fuerza enorme sino también un tiempo y una distancia considerables, aunque sólo se necesita pulsar ligeramente el botón correcto del control de mandos o el piloto automático para iniciar la maniobra de parada o alteración del rumbo. En esta analogía, el petrolero sería el mundo que funciona como de costumbre, la fuerza enorme sería la comunidad mundial que obliga a sus dirigentes a actuar, y la pulsación del botón correcto serían los ministros y los jefes de Estado que actuarían decididamente y al unísono en la reunión de Copenhague en diciembre de este año para acordar un nuevo tratado para luchar contra el cambio climático que suceda al Protocolo de Kyoto.

En la OMI tenemos un compromiso firme y constante con la lucha para proteger y preservar nuestro entorno, tanto marino como atmosférico. Tras haber logrado en 2008 un avance decisivo en nuestros esfuerzos para reducir la contaminación atmosférica por los buques, estamos tratando enérgicamente de limitar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de las operaciones de los buques. De hecho, al considerar qué lema escoger para el Día Marítimo Mundial de este año, optamos unánimemente por "El cambio climático: ¡un desafío también para la OMI !", en reconocimiento de la alta prioridad que se está concediendo a este tema en la Organización , especialmente este año.

Nuestra labor sobre este tema tan importante tiene su origen en las preocupaciones genuinas por el medio ambiente de nuestros Estados Miembros y las organizaciones del sector que nos ayudan a tomar decisiones equilibradas para lograr los objetivos de la Organización , sin mencionar los objetivos que se nos ha encargado cumplir en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y su Protocolo de Kyoto, en los que se estipula específicamente que se procure limitar o reducir las emisiones de gases de efecto invernadero por conducto de la OMI.

A tal efecto, la OMI ha establecido un plan de medidas que, a pesar de ser ambicioso, puede cumplirse, y está ultimando un sólido régimen para regular el transporte marítimo en el ámbito mundial y contribuir a la desaceleración del cambio climático. Nuestro Comité de Protección del Medio Marino ha logrado grandes avances en la elaboración de un Índice de eficiencia energética de proyecto para los buques nuevos y, para todos los buques, un Plan de gestión energética del buque (que comprende una orientación sobre las mejores prácticas para el funcionamiento de los buques con un consumo eficiente de combustible), así como un Indicador operacional de la eficiencia energética (que ayuda a determinar la eficiencia en el consumo de combustible del buque).

Se espera que todos estos esfuerzos, así como las deliberaciones sobre los posibles mecanismos de mercado, tengan como resultado una amplia serie de medidas que la OMI podrá transmitir a la Conferencia de Copenhague anteriormente mencionada.

Aparte de esta acción normativa, que es el ámbito principal de competencia y responsabilidad de la OMI , el propio sector del transporte marítimo ha logrado avances considerables, desde un punto de vista técnico, en las cuestiones relativas a la eficiencia energética. Se dispone de varias tecnologías que podrían reducir las emisiones de los buques nuevos, por tonelada/milla, entre un 15 % y un 25 %, en función del tipo y las dimensiones del buque. Algunas de estas medidas son rentables cuando el precio del petróleo es elevado, mientras que otras no lo son. El desafío consiste en ofrecer al sector unos incentivos que recompensen un uso eficiente del carbono que vaya más allá de una simple reducción de la factura del combustible y la corrección de cualquier comportamiento que no sea eficiente.

Habida cuenta de que hay una relación directa entre las emisiones de carbono y el consumo eficiente de combustible –en otras palabras, cuanto menos combustible se queme, menor será el volumen de emisiones de carbono– se han hecho esfuerzos para crear sistemas de propulsión y proyectos de hélice que puedan reducir el consumo de combustible en un 10 %, aproximadamente, y generar al mismo tiempo la misma potencia de salida que los que se instalaron hace unos 10 años. Igualmente, mejoras simultáneas de la hidrodinámica y el proyecto del casco del buque han logrado reducir el consumo de combustible entre un 2 % y un 4 %.

La complejidad del sector del transporte marítimo sirve también para poner de manifiesto la dificultad de las opciones a las que nos enfrentamos en nuestros esfuerzos por proteger y preservar el planeta. Por ejemplo, algunos sostienen que la disminución de la velocidad de un buque en un 10 % reducirá las emisiones en un 20 %, por término medio, y, con respecto a determinados buques, incluso en un 30 %. No obstante, para transportar la misma cantidad de carga en el mismo periodo de tiempo se requeriría utilizar más buques, y la alternativa tendría repercusiones obvias para un mundo acostumbrado a entregas "puntuales".

Si bien no cabe duda de que los buques de mayores dimensiones ofrecen economías de escala, su utilización también tendrá repercusiones en lo que respecta a la capacidad de los puertos y las instalaciones portuarias, que tendrían que adaptarse en consecuencia, sin mencionar los efectos secundarios de las redes de "servicios de enlace", que utilizan buques de menores dimensiones y que plantearían sus propios problemas para el medio ambiente. La lección que puede extraerse de todo esto es que, antes de sacar conclusiones precipitadas, tenemos que comprender cabalmente las ventajas netas para el medio ambiente de todas las iniciativas, mecanismos y prácticas que tienen por objeto reducir el cambio climático, no sólo en el ámbito marítimo, sino en todas las esferas. Hay que tener siempre en cuenta, con una visión totalizadora, todos los parámetros, tanto positivos como negativos, de cualquier solución que se proponga.

No cabe duda de que el cambio climático afectará a todo el mundo. Nadie es inmune a él. Igualmente, no sería realista asignar la responsabilidad de encontrar la solución a un país o grupo de países concretos, ni a una región o continente determinados, y tampoco debería tratarse de encontrar la solución centrándose sólo en una o algunas actividades humanas. El cambio climático nos concierne a todos, juntos , tal vez ahora más que nunca. Abordar con éxito este problema no será en absoluto sencillo, pero las consecuencias que tendría el no hacerlo son demasiado graves como para contemplar la posibilidad de no actuar.

Para lograr los objetivos deseados en la lucha contra el cambio climático, las soluciones tienen que ser realistas, pragmáticas, equilibradas, viables y eficaces en función de su costo, y han de implantarse mediante mecanismos que sean claros, transparentes, prácticos, exentos de fraude y fáciles de administrar. Sé que se trata de cuestiones difíciles y complejas, tanto desde el punto de vista técnico como político, ya que tienen connotaciones delicadas, particularmente para los países en desarrollo, y esto es algo que no podemos pasar por alto. Para que las soluciones propuestas sean realmente eficaces en la lucha contra el cambio climático, deben aplicarse universalmente y, a tal efecto, tiene que haber una participación de todos a nivel mundial y un refrendo por consenso.

El Secretario General de las Naciones Unidas, Sr. Ban Ki-moon, resumió con precisión la situación en un discurso para dirigentes del sector en la India en febrero de este año, en el que afirmó que "los países industrializados son responsables en gran medida del estado actual del planeta y deben compartir parte de la carga a la hora de sufragar las soluciones. No obstante, los países que no han contribuido en la misma medida al calentamiento mundial, también tienen la responsabilidad de hacer frente al problema. No creo que sea hora de señalar a nadie con el dedo".

Si tuviera que parafrasear el discurso pronunciado por el Presidente Obama en la Universidad del Cairo el 4 de junio, esto es lo que diría a los representantes de los países industrializados y a quienes representan a las economías emergentes y al mundo en desarrollo: "Ambos grupos no se excluyen mutuamente y no tienen por qué estar en discordia. Por el contrario, se solapan y comparten principios y objetivos comunes: un medio ambiente más seguro, más protegido y, ciertamente, más limpio, verde y sano. Con humildad ante la tarea que nos aguarda para cumplir nuestro deber con el medio ambiente, pido a los Miembros de la OMI y a las organizaciones del sector que hagan suya la convicción de que los intereses que compartimos como ciudadanos de este planeta son mucho más poderosos que las fuerzas que nos separan. Todos nosotros compartimos este mundo, pero sólo durante poco tiempo. La pregunta que se plantea es si conviene pasar este tiempo concentrándonos en lo que nos divide o comprometiéndonos a realizar un esfuerzo, un esfuerzo sostenido, para encontrar puntos en común y concentrarnos en el futuro que queremos para nuestros hijos; si conviene seguir debatiendo a quién debe culparse por el estado del planeta y quién debería dar el primer paso o decidir cómo deberíamos utilizar, todos juntos, nuestros dones para detener la destrucción de nuestro patrimonio común y legar, a las generaciones venideras, un mundo del que nos sintamos orgullosos".

El mensaje está claro: para tener éxito en la lucha contra el cambio climático, debemos trabajar juntos y desempeñar nuestro papel con la seriedad que exigen las circunstancias. El problema no tiene en cuenta las fronteras trazadas por el hombre, por lo que tampoco puede tenerlas la solución. Todos tenemos la responsabilidad de adoptar medidas audaces, amplias y coordinadas que no sólo impulsen rápidamente la recuperación del planeta sino que también den paso a una nueva era de un compromiso serio y significativo para evitar que una crisis, como la tenemos ante nosotros actualmente, empeore o se vuelva a repetir. Si trabajamos juntos, con un sentido de responsabilidad con respecto a las generaciones futuras, los acuerdos que se concluyan en la Conferencia de Copenhague este año pueden tener un valor auténtico y duradero.

Desde el punto de vista humano, problemas complejos tales como la pobreza, la enfermedad, la desigualdad en el desarrollo económico y el crecimiento de la población son factores adicionales que contribuyen a agravar y complicar el problema. El cambio climático y nuestra respuesta a los problemas polifacéticos que entraña se han convertido en realidad en "el desafío que define nuestra época". No cabe duda de que, como bien dice el lema del Día Marítimo Mundial de 2009, es un desafío también para la OMI , y nosotros, los Estados Miembros, el sector del transporte marítimo internacional y la Secretaría , estamos plenamente comprometidos con la tarea de ayudar a enfrentarlo.